miércoles, 31 de diciembre de 2008



Próximamente relataré un viaje que realicé a Sidi-Ifni en el aparato que veis en portada que no estuvo exento de anécdotas esperpénticas.
Proseguiré con el relato anterior. El motivo de enterrar la carne sobre unas brasas es debido para aprovechar los jugos del alimento y así necesitar menos agua para su deglución, agua que escaseaba por todo el desierto. A propósito de agua, en el Aiun a la salida del pueblo había dos fuentes que surtían de agua a la población, una era para los cristianos y otra para los musulmanes, hago esta distinción religiosa para identificar a los españoles y los saharauis, los españoles que tomaban agua de esta fuente solían ser soldados que llenaban sus cantimploras y personal que tenia algún negocio como cafetines y tabernas y las personas que llenaban sus fudres confeccionados con pieles de cabra eran los nativos que se aprovisionaban para realizar sus jornadas de nomadeo buscando pastos para sus camellos, el motivo de que existieran dos fuentes para la toma de agua, cerca una de la otra, era por que los moros cuando mataban a una cabra, la cosían en caliente y la llenaban de agua de inmediato acercando el cuello del animal al grifo de la fuente con lo cual impregnaban de sebo y otros efluvios el caño de agua, cosa que a los españoles les daba mucho asco, por ese motivo había dos fuentes una junto a la otra y además había un plantón de guardia preferentemente de la Legión que ponía orden para que las moras que eran las que acarreaban estos pellejos de agua no invadieran la fuente española que solía estar menos concurrida que la mora.
Frecuentando un cafetin donde se podia desgustar tanto el "the" con yerva buena asi como la carne de camello picante con patatas fritas, conocí a un simpatico individuo que se identificó como el cabo "dientes" perteneciente a la Legión, el me contó que si queria pasar un rato entretenido me pasara al dia siguiente por la fuente del agua, así lo hice , y las escenas que presencié se me han quedado grabadas en la retina y esto hace mas de 50 años. Cuando la fuente que llenaban las cantimploras los soldados españoles no estaban ocupada pretendian las moras llenar sus pellejos de agua, cosa que impedia el reten de guardia, algunas veces por medios no muy tolerantes, situaciones que me creaban mal estar y desagrado pero tambien habia escenas que a un joven de 18 años le gustaba presenciar como era mi caso. El atuendo habitual de estas mujeres que iban a por agua consistia en un trozo de tela que hacia las veces de falda arrollada a la cintura y otro que hacia las veces de mantón por encima de la cabeza que cubria el cuello y terminaba una de sus puntas con un peso que solian ser unas llaves o plomos que pasaban por detras de la espalda, cuando se agachaban a coger el agua esos plomos se venian hacia delante destapando los pectorales, pues no llevaban nada en el interior, dejando ver los pechos de la mujer que no se apresuraban a taparse, pudiendo distingir como la parte frontal era de color azul(por el desteñido de la tela) y la parte interior era de color blanco pues las telas eran de color azul tanto para los hombres como para la mujeres por ese motivo se les llamaba los hombres azules.

martes, 30 de diciembre de 2008

Los días vividos en el Sahara fueron maravillosos disfruté a tope con los desplazamientos realizados por el interior, me maravillé al comprobar a agudeza visual del guia que siempre se trasladaba con nosotros en el Land Rober que nos prestó el cura de la Iglesia del Aiun. Cuando todavía nosotros no habíamos divisado nada, el nativo nos comunicaba que veía a un hombre, cuando en el horizonte nos percatáramos de un punto negro que parecia que se movia, el guia identificaba que iba montado en un camello, ya cuando divisabamos el camello el saharagui identificaba a un familiar suyo y era verdad pues cuando llegábamos a su altura nos parábamos ellos se saludaban con un ritual pintoresco, el guia se bajaba del vehiculo y agarrados de la mano paseaban de un lado para otro cercanos al coche preguntándose por toda al familia que estaban de noma deo acampados sabe dios donde, este ritual duraba un tiempo hasta que por fin se separaban y el guia subía al Land Rober y proseguíamos el camino.Cuando divisabamos una manada de gacelas el guia subido al techo del vehículo abatía una pieza con el mosquetón reglamentario que después desollaba y la preparaba para la comida a la brasa enterrada en la arena del desierto, solo que teniamos que raspar la carne con el cuchillo para retirar la arena y poder comerla

sábado, 27 de diciembre de 2008

Las fotografías incluidas en la entrada anterior corresponden a la visita del Aiun han sido colocadas al ha zar sin orden ni concierto pues mas bien corresponden a una prueba que después no he modificado pero espero situarlas por orden cronológico.
Proseguimos con el viaje, la travesía duró tres días que resultaron maravillosos y por fin llegamos a Las Palmas de Gran Canaria, la estancia en la isla fue de ensueño estábamos admirados con todo lo que veíamos a nuestro alrededor, la confianza de los vendedores que nos entregaban los productos y si no llevábamos suficiente dinero nos decían que ya se lo pagaríamos otro día sabiendo ellos que he ramos "godos" y no nativos, compramos una ristra de plátanos la cual debía de pesar unos cuantos kilos y mi hermana y yo empezamos a comer plátanos sentados en el pretil del puerto creyendo que podríamos con todos, pero al tercer o cuarto plátano ya estábamos hartos y tiramos el resto al mar. Conseguimos pasaje en un pequeño barco que hacia la ruta las Palmas- El Aiun, su nombre el Fuerteventura, la travesía duró toda la noche pues salimos al atardecer con la mar muy encapotada pues las olas barrían la cubierta, esa fue la primera vez que me he mareado en un barco y no digamos el resto de la familia, con el inconveniente de que no podíamos devolver por la borda ya que teníamos que tener las puertas trincadas por peligro de que se nos inundara el barco. Amaneció un nuevo día ya con la mar en calma y avistamos las playas del Aiun, en aquella época no existía puerto alguno en aquella zona y el barco tuvo que fondear a unos cientos de metros de tierra se votó una chalupa a la cual bajamos por unas escalas de cuerda parecidas o igual a las que se usan en los desembarcos de los buques de guerra, fuimos remolcados por una motora y cuando estábamos a una distancia prudencial de la playa soltaron la maroma de arrastre y la motora se dio la vuelta, la patera continuó su trayectoria hasta que en cayó en la arena pero todavía nos faltaban unos cuantos metros hasta llegar a tierra firme así que no tuvimos mas remedio que echarnos al agua con nuestras pertenencias en la cabeza, eso parecía el desembarco de unos bucaneros en las playas del Caribe, como es natural al ser un barco correo la falúa iba cargada con todo tipo de mercancías que unos marineros aposentados en la playa y pertenecientes a un regimiento de infantería de marina se afanaron en descargar, a mi hermana la sacaron sentada en una silla gestatoria que transportaban dos hombres, usada solo por los jefes de ese destacamento, claro como el pueblo del Aiun distaba a unos quince kilómetros de la playa, tuvimos que esperar a que se formara un convoy militar para trasladarnos a la zona habitada. Ese día descubrí que los botellines de cerveza se pueden enfriar metidos en los tanques de gasolina de los jeps, lugar ideal por la vaporización del combustible que rebaja la temperatura algunos grados con el exterior. Hay que recordar que la zona estaba en alerta de posibles ataques armados de los polisarios y todo desplazamiento por el desierto se hacia con escolta militar situación que le daba un morbo muy excitante.

viernes, 26 de diciembre de 2008

jueves, 25 de diciembre de 2008

El barco salia a la 13 horas del dia siguiente, ya estando en la pasarela de embarque a mi hermano se le ocurre la imperiosa necesidad de comprar un producto farmaceutico para mitigar el dolor de estomago producido por una úlcera que padecia, estando urulando la sirena del barco mi hermano no aparecia por el puerto, nosotros pediamos insistentemente que no retiraran la pasarela hasta que subiera nuestro hermano que por fin apareció corriendo por la entrada del puerto de Cádiz, recuerdo la canción que tocaba los altavoces del barco la interpretaba Doménico Moduño y su nombre hera "VOLARE", canción muy de moda de la epoca que hablaba del cielo pintado de azul y estrofas muy enternecedoras que tanto nos gustavan a los chavales de aquellos años máximo cuando las bailabas con la chica que acaparaba tu corazón.