sábado, 27 de diciembre de 2008

Las fotografías incluidas en la entrada anterior corresponden a la visita del Aiun han sido colocadas al ha zar sin orden ni concierto pues mas bien corresponden a una prueba que después no he modificado pero espero situarlas por orden cronológico.
Proseguimos con el viaje, la travesía duró tres días que resultaron maravillosos y por fin llegamos a Las Palmas de Gran Canaria, la estancia en la isla fue de ensueño estábamos admirados con todo lo que veíamos a nuestro alrededor, la confianza de los vendedores que nos entregaban los productos y si no llevábamos suficiente dinero nos decían que ya se lo pagaríamos otro día sabiendo ellos que he ramos "godos" y no nativos, compramos una ristra de plátanos la cual debía de pesar unos cuantos kilos y mi hermana y yo empezamos a comer plátanos sentados en el pretil del puerto creyendo que podríamos con todos, pero al tercer o cuarto plátano ya estábamos hartos y tiramos el resto al mar. Conseguimos pasaje en un pequeño barco que hacia la ruta las Palmas- El Aiun, su nombre el Fuerteventura, la travesía duró toda la noche pues salimos al atardecer con la mar muy encapotada pues las olas barrían la cubierta, esa fue la primera vez que me he mareado en un barco y no digamos el resto de la familia, con el inconveniente de que no podíamos devolver por la borda ya que teníamos que tener las puertas trincadas por peligro de que se nos inundara el barco. Amaneció un nuevo día ya con la mar en calma y avistamos las playas del Aiun, en aquella época no existía puerto alguno en aquella zona y el barco tuvo que fondear a unos cientos de metros de tierra se votó una chalupa a la cual bajamos por unas escalas de cuerda parecidas o igual a las que se usan en los desembarcos de los buques de guerra, fuimos remolcados por una motora y cuando estábamos a una distancia prudencial de la playa soltaron la maroma de arrastre y la motora se dio la vuelta, la patera continuó su trayectoria hasta que en cayó en la arena pero todavía nos faltaban unos cuantos metros hasta llegar a tierra firme así que no tuvimos mas remedio que echarnos al agua con nuestras pertenencias en la cabeza, eso parecía el desembarco de unos bucaneros en las playas del Caribe, como es natural al ser un barco correo la falúa iba cargada con todo tipo de mercancías que unos marineros aposentados en la playa y pertenecientes a un regimiento de infantería de marina se afanaron en descargar, a mi hermana la sacaron sentada en una silla gestatoria que transportaban dos hombres, usada solo por los jefes de ese destacamento, claro como el pueblo del Aiun distaba a unos quince kilómetros de la playa, tuvimos que esperar a que se formara un convoy militar para trasladarnos a la zona habitada. Ese día descubrí que los botellines de cerveza se pueden enfriar metidos en los tanques de gasolina de los jeps, lugar ideal por la vaporización del combustible que rebaja la temperatura algunos grados con el exterior. Hay que recordar que la zona estaba en alerta de posibles ataques armados de los polisarios y todo desplazamiento por el desierto se hacia con escolta militar situación que le daba un morbo muy excitante.

1 comentario:

fernando "dito" castañeda conde dijo...

Interesante el relato, Eduardo, te veo muy "suelto" un saludo.