Creo que no he contado la cena de despedida con la que nos agasajaron los intermediarios tailandeses, a la cual fue invitada la jefa del gabinete y representante ante las instituciones oficiales del país. Esta señora de unos cincuenta años era guapísima vivía con un lujo desmesurado y bestia con una elegancia propia de una modelo de postín, llevaba un peinado que lo asocié a los modelos de peluquería que se veía en Imelda Marcos de Filipinas, las joyas que portaba estaban todas conjuntadas, pulsera, anillos y pendientes, en el reparto de posiciones en la mesa me sentaron a su derecha, a la izquierda de la señora situaron al jefe de la oficina representadora, cual no fue mi sorpresa cuando en un determinado momento la hermosa mujer pincha con su tenedor una gamba y me la ofrece a mi boca que yo no dudo en aceptar y después pincha otra y se la ofrece al viejo tailandés todo esto regado con una sonrisa de lo mas cautivadora, el interprete se apresuró a explicar que este acto es símbolo de respeto y la dama estaba obligada a proceder y dar de comer a los mas viejos de la reunión, como ritual de su cultura milenaria.
viernes, 10 de abril de 2009
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