Relataré el viaje que realicé a La Habana como podéis observar en la foto de la cabecera de este blog, tengo que hacer constar que este viaje fue lúdico y no de trabajo, nos pasamos mi señora y yo 10 días en La Habana que también tuvieron sus incidencias. Realizamos el viaje en un avión de la compañía Iberia y cuando nos acercábamos a la Antillas pude observar desde el aire unas nubes parecidas a tirabuzones de desarrollo vertical que me dejaron muy impresionado, pues no había visto en mi vida este tipo de conjuntos nubosos, yo que soy piloto de aviones ultraligeros había estudiado los diferentes conjuntos de nubes, cúmulos, cirros, estratos, nimbos y las combinaciones de todos estos conjuntos, pero lo que mis ojos presenciaron desde la ventanilla del aparato de Iberia no me parecía nada normal (todo esto lo menciono porque a los pocos días tuvimos que aguantar el huracán RITA). Los primeros días de la semana se pasaron con tranquilidad visitando los lugares más turísticos de la ciudad así como el espectáculo más emblemático de la Habana la sala de fiestas La Tropicana con su espectacular elenco de bailarinas y su magnifica coreografía, visitamos la fábrica de puros que está frente al Capitolio y me elaboraron un puro habano personalizado que me lo fumé (aunque yo no fumo) en la plaza de la Catedral de la Habana sentado en una mesa bajo una sombrilla y con unas cervezas de la marca bucanero que por cierto tenían muy buen sabor al paladar, se pasaron los primeros días y cual fue nuestra sorpresa al encontrarnos en la habitación de la planta 20 del hotel Habana Libre donde nos hospedáramos, las ventanas protegidas por unas cintas adhesivas para evitar que el viento huracanado rompiera los cristales, alarmados bajamos a la recepción y nos indicaron la pantalla donde informaban del desarrollo del huracán a su paso por la isla de Cuba, esa noche no pudimos pegar ojo por el viento que azotaba los cristales y la lluvia torrencial que se precipitaba y a la mañana siguiente nos dirigimos en taxi a las oficinas de Iberia a informarnos si las salidas de los aviones sufrían algún retraso a causa del viento, pues el viento soplaba con tanta fuerza que los trechos que tuvimos que ir andando teníamos que agarrarnos a unas columnas de unos soportales para no ser arrastrados por el suelo, seguidamente volvimos al hotel pero el trayecto de vuelta tuvimos que realizarlo por otro recorrido debido a que las olas saltaban por encima del malecón y el trafico por esa zona estaba cortado, al llegar al hotel nos cayó un chubasco muy intenso con la particularidad de que el agua estaba caliente en comparación con lo que recodábamos aquí en España. Al día siguiente que llego la calma la ciudad de la Habana parecía que había sido afectada por un bombardeo, trozos de pavimentos levantados, ramas de los árboles por los suelos de las calles y gentes achicando agua de las casas bajas y muchos recintos cerrados por filtraciones de agua y personal que faltaba al trabajo por que tenia que acondicionar sus viviendas, no voy a extenderme en relatar en la precariedad en que viven esas gentes que sin embargo son muy amables y comunicativas pero que al rato de entablar conversación siempre te piden una ayuda pensando que los turistas somos gente pudiente porque saben que los turistas tienen por obligación que cambiar sus divisas por un peso (moneda nacional) que lo denominan convertible y esta equiparado al dólar americano y este peso especial para turistas equivale para ellos como 35 pesos cubanos que los extranjeros no pueden manejar así que si te desprendes de diez pesos convertibles que equivaldrían a 8 o 9 Euros Europeos para ellos es lo que pueden ganar en medio mes de trabajo, pero sigamos con nuestro viaje. Visitamos los lugares más emblemáticos de la ciudad como por ejemplo la Bodeguita de En medio donde te sirven los Moji tos más deliciosos, también visitamos la Floridita otro bar que su especialidad son los Daiquiris o Margaritas, este bar es famoso por la añoranza que tienen de Germinguey que parece que era un cliente asiduo hasta el punto de perpetuarlo con una estatua en bronce en la esquina del mostrador simulando un cliente cotidiano, también nos aventuramos a comer en un "paladar" o sea en un restaurante o casa de comidas clandestino, la verdad es que salimos decepcionados, pedimos langosta con arroz y bueno solo hay que decir que la comida fue abundante pero no del agrado de nuestro paladar, demasiados frijoles que no los probamos y el arroz un poco insípido aunque la langosta no estuvo mal del todo. Otro espectáculo del cual los cubanos están muy orgullosos es la gala que ofrecen en el club Tropicana. Nos acicalamos para la ocasión, mi esposa con un traje largo de fiesta y yo con pantalón negro y chaqueta blanca, con una camisa negra con dibujos blancos y una corbata rosa más propio de un mafioso Italiano que de un señor español de sesenta años, pero aguantamos el tipo de esta guisa, ocupamos un taxi a la puerta del hotel (que por cierto no nos pudo llevarnos al hotel de vuelta por avería del vehículo) a la ida el taxista no quiso cobrar la carrera comprometiéndose a recogernos al terminar el espectáculo cosa que no pudo realizar por lo anteriormente mencionado, teniendo que recurrir al final del espectáculo a otro taxista, pero volvamos a la función, al entrar a la sala te obsequiaban con cigarro puro y una botella de ron Habana Club y a las señoras un ramo de flores, las botellas de coca cola estaban en las mesas junto a recipientes con cubitos de hielo, el elenco de chicas fue espectacular a cuál más guapa también acompañaban a estas mujeres un nutrido grupo de galanes que hacían los suspiros de las damas, ni que decir tiene que los números de baile fueron de los más sensuales que yo había visto, pero creo recordar que no había ningún desnudo parcial como hay en las revistas españolas, el espectáculo fue una cascada de luz y de color llevándose al terminar una lluvia de aplausos de los asistentes, bueno, volvimos al hotel, y a la mañana siguiente me encargue de localizar al taxista que nos había llevado para abonarle la carrera, cual fue mi sorpresa que ninguno de los avisa taxis que estaban en la puerta del hotel recordaba quien nos había llevado a la sala de fiestas, hasta que localicé a un individuo que recordaba que taxista nos facilitó el servicio, le informe que mi intención era pagarle la carrera que no había podido cobrarme y el hombre me dijo que solo a un español se le ocurría tener ese detalle pues no era corriente que cualquier otro turista de otras nacionalidades tuviera el pormenor de satisfacer una deuda de esa clase (hay que decir que los taxis oficiales son del estado y sus conductores asalariados del gobierno que tienen que efectuar un mínimo de recaudación al DIA).
En esos días hicimos amistad con una conductora de un motocarro taxi denominados cubanitos por que al ir destapados el aire nos refrescaba mas que los vehículos cerrados, estas personas que manejan estos motocarros taxis tienen que anotar los clientes que llevan y las carreras que realizan con el tiempo que invierten en las mismas, todo esto lo menciono por que la mujer que cotidianamente nos trasladaba, al dia siguiente de la tormenta tropical que se nos vino encima se lamentaba que no podía anotar la hora por que se le había mojado el reloj de pulsera y no le funcionaba y mi esposa en un rasgo de generosidad espontánea le regalo el que ella llevaba en la muñeca, la mujer lloraba de agradecimiento, con lo cual fraguó una gran amistad, que decir tiene que mi esposa disponía de otro reloj con dos esferas independientes que marcaba la hora de España y la de Cuba, todo esto nos sirvió para que la señora taxista se ofreciera a acompañarnos a unos cuantos sitios que visitamos, como por ejemplo el Morro, construcción de la época española que fortificaba la entrada al puerto de la Habana, este desplazamiento lo tuvo que realizar dando un rodeo por el puerto marítimo de la Habana por que al vehículo no le estaba permitido atravesar por un túnel construido bajo la entrada a la bocana del puerto por su poca potencia de motor ya que tanto la entrada como la salida tenían una muy pronunciada cuesta y estos cacharros corrían el peligro de no subir las cuestas, así que dimos el rodeo que si no es por esta circunstancia no hubiéramos visto el puerto en toda su salsa, también dio la casualidad que en el trayecto pasamos por delante del cementerio de La Regla (ese en el cual están depositadas las cenizas del marido de Sara Montiel) y la señora nos pidió permiso para hacer una parada de lante de la puerta para que ella visitara la tumba de su madre que hacía mucho tiempo que no la frecuentaba, y siento no haber pasado dentro, pues me hubiera gustado admirar los monumentos funerarios de ese campo santo, cuando salió continuamos con el viaje, que a partir de ese punto nos dejo sobre cogidos pues pudimos visitar la zona de la Habana mas deprimida y paupérrima que se halla visto, algo parecido a los asentamientos chabolistas de la Celsa o el Salobral, vías sin pavimentar, arroyos de aguas fecales mal olientes, niños desarrapados por las calles en total personas marginales en su mayoría de tez morena pero que hacían ostentación de piezas de oro en sus muñecas y cuello, la señora taxista nos comentó que ese trayecto no les estaba permitido hacer con los turistas extranjeros pero que con nosotros hacia una excepción y no-tenia mas remedio que pasar por ese sitio si queríamos llegar al Morro situado al lado opuesto del malecón, visitamos las instalaciones que datan de la presencia española, por cierto en muy buen estado de conservación y nos hicimos las fotos de rigor, la señora dejó aparcado el motocarro y nos acompañó en todo el recorrido de la visita, cuando terminamos nos devolvió al hotel por el mismo trayecto de ida teniendo que hacer verdaderos alardes de conducción para sortear los hoyos del camino que como he comentado antes estaban sin pavimentar, cuando llegamos al hotel le ofrecimos la oportunidad de comer con nosotros pero ella declino el ofrecimiento alegando que no la permitían acceder a las instalaciones del hotel, ni que decir tiene que el menú del comedor era excelente y solo tenían paso los clientes.
Relataré el viaje que realicé a La Habana como podéis observar en la foto de la cabecera de este blog, tengo que hacer constar que este viaje fue lúdico y no de trabajo, nos pasamos mi señora y yo 10 días en La Habana que también tuvieron sus incidencias. Realizamos el viaje en un avión de la compañía Iberia y cuando nos acercábamos a la Antillas pude observar desde el aire unas nubes parecidas a tirabuzones de desarrollo vertical que me dejaron muy impresionado, pues no había visto en mi vida este tipo de conjuntos nubosos, yo que soy piloto de aviones ultraligeros había estudiado los diferentes conjuntos de nubes, cúmulos, cirros, estratos, nimbos y las combinaciones de todos estos conjuntos, pero lo que mis ojos presenciaron desde la ventanilla del aparato de Iberia no me parecía nada normal (todo esto lo menciono porque a los pocos días tuvimos que aguantar el huracán RITA). Los primeros días de la semana se pasaron con tranquilidad visitando los lugares más turísticos de la ciudad así como el espectáculo más emblemático de la Habana la sala de fiestas La Tropicana con su espectacular elenco de bailarinas y su magnifica coreografía, visitamos la fábrica de puros que está frente al Capitolio y me elaboraron un puro habano personalizado que me lo fumé (aunque yo no fumo) en la plaza de la Catedral de la Habana sentado en una mesa bajo una sombrilla y con unas cervezas de la marca bucanero que por cierto tenían muy buen sabor al paladar, se pasaron los primeros días y cual fue nuestra sorpresa al encontrarnos en la habitación de la planta 20 del hotel Habana Libre donde nos hospedáramos, las ventanas protegidas por unas cintas adhesivas para evitar que el viento huracanado rompiera los cristales, alarmados bajamos a la recepción y nos indicaron la pantalla donde informaban del desarrollo del huracán a su paso por la isla de Cuba, esa noche no pudimos pegar ojo por el viento que azotaba los cristales y la lluvia torrencial que se precipitaba y a la mañana siguiente nos dirigimos en taxi a las oficinas de Iberia a informarnos si las salidas de los aviones sufrían algún retraso a causa del viento, pues el viento soplaba con tanta fuerza que los trechos que tuvimos que ir andando teníamos que agarrarnos a unas columnas de unos soportales para no ser arrastrados por el suelo, seguidamente volvimos al hotel pero el trayecto de vuelta tuvimos que realizarlo por otro recorrido debido a que las olas saltaban por encima del malecón y el trafico por esa zona estaba cortado, al llegar al hotel nos cayó un chubasco muy intenso con la particularidad de que el agua estaba caliente en comparación con lo que recodábamos aquí en España. Al día siguiente que llega la calma la ciudad de la Habana parecía que había sido afectada por un bombardeo, trozos de pavimentos levantados, ramas de los árboles por los suelos de las calles y gentes achicando agua de las casas bajas y muchos recintos cerrados por filtraciones de agua y personal que faltaba al trabajo por que tenia que acondicionar sus viviendas, no voy a extenderme en relatar en la precariedad en que viven esas gentes que sin embargo son muy amables y comunicativas pero que al rato de entablar conversación siempre te piden una ayuda pensando que los turistas somos gente pudiente porque saben que los turistas tienen por obligación que cambiar sus divisas por un peso (moneda nacional) que lo denominan convertible y esta equiparado al dólar americano y este peso especial para turistas equivale para ellos como 35 pesos cubanos que los extranjeros no pueden manejar así que si te desprendes de diez pesos convertibles que equivaldrían a 8 o 9 Euros Europeos para ellos es lo que pueden ganar en medio mes de trabajo, pero sigamos con nuestro viaje. Visitamos los lugares más emblemáticos de la ciudad como por ejemplo la Bodeguita de Enmedio donde te sirven los Moji tos más deliciosos, también visitamos la Floridita otro bar que su especialidad es los Daiquiris o Margaritas, este bar es famoso por la añoranza que tienen de Germinguey que parece que era un cliente asiduo hasta el punto de perpetuarlo con una estatua en bronce en la esquina del mostrador simulando un cliente cotidiano, también nos aventuramos a comer en un "paladar" o sea en un restaurante o casa de comidas clandestino, la verdad es que salimos decepcionados, pedimos langosta con arroz y bueno solo hay que decir que la comida fue abundante pero no del agrado de nuestro paladar, demasiados frijoles que no los probamos y el arroz un poco insípido aunque la langosta no estuvo mal del todo. Otro espectáculo del cual los cubanos están muy orgullosos es la gala que ofrecen en el club Tropicana. Nos acicalamos para la ocasión, mi esposa con un traje largo de fiesta y yo con pantalón negro y chaqueta blanca, con una camisa negra con dibujos blancos y una corbata rosa más propio de un mafioso Italiano que de un señor español de sesenta años, pero aguantamos el tipo de esta guisa, ocupamos un taxi a la puerta del hotel (que por cierto no nos pudo llevarnos al hotel de vuelta por avería del vehículo) a la ida el taxista no quiso cobrar la carrera comprometiéndose a recogernos al terminar el espectáculo cosa que no pudo realizar por lo anteriormente mencionado, teniendo que recurrir al final del espectáculo a otro taxista, pero volvamos a la función, al entrar a la sala te obsequiaban con cigarro puro y una botella de ron Habana Club y a las señoras un ramo de flores, las botellas de coca cola estaban en las mesas junto a recipientes con cubitos de hielo, el elenco de chicas fue espectacular a cuál más guapa también acompañaban a estas mujeres un nutrido grupo de galanes que hacían los suspiros de las damas, ni que decir tiene que los números de baile fueron de los más sensuales que yo había visto, pero creo recordar que no había ningún desnudo parcial como hay en las revistas españolas, el espectáculo fue una cascada de luz y de color llevándose al terminar una lluvia de aplausos de los asistentes, bueno, volvimos al hotel, y a la mañana siguiente me encargue de localizar al taxista que nos había llevado para abonarle la carrera, cual fue mi sorpresa que ninguno de los avisa taxis que estaban en la puerta del hotel recordaba quien nos había llevado a la sala de fiestas, hasta que localicé a un individuo que recordaba que taxista nos facilitó el servicio, le informe que mi intención era pagarle la carrera que no había podido cobrarme y el hombre me dijo que solo a un español se le ocurría tener ese detalle pues no era corriente que cualquier otro turista de otras nacionalidades tuviera el pormenor de satisfacer una deuda de esa clase (hay que decir que los taxis oficiales son del estado y sus conductores asalariados del gobierno que tienen que efectuar un mínimo de recaudación al dia.
En esos días hicimos amistad con una conductora de un motocarro taxi denominados cubanitos por que al ir destapados el aire nos refrescaba mas que los vehículos cerrados, estas personas que manejan estos motocarros taxis tienen que anotar los clientes que llevan y las carreras que realizan con el tiempo que invierten en las mismas, todo esto lo menciono por que la mujer que cotidianamente nos trasladaba, al dia siguiente de la tormenta tropical que se nos vino encima se lamentaba que no podía anotar la hora por que se le había mojado el reloj de pulsera y no le funcionaba y mi esposa en un rasgo de generosidad espontánea le regalo el que ella llevaba en la muñeca, la mujer lloraba de agradecimiento, con lo cual fraguó una gran amistad, que decir tiene que mi esposa disponía de otro reloj con dos esferas independientes que marcaba la hora de España y la de Cuba, todo esto nos sirvió para que la señora taxista se ofreciera a acompañarnos a unos cuantos sitios que visitamos, como por ejemplo el Morro, construcción de la época española que fortificaba la entrada al puerto de la Habana, este desplazamiento lo tuvimos que realizar dando un rodeo por el puerto marítimo de la Habana por que al vehículo no le estaba permitido atravesar por un túnel construido bajo la entrada a la bocana del puerto por su poca potencia de motor ya que tanto la entrada como la salida tenían una muy pronunciada cuesta y estos cacharros corrían el peligro de no subir las cuestas, así que dimos el rodeo que si no es por esta circunstancia no hubiéramos visto el puerto en toda su salsa, también dio la casualidad que en el trayecto pasamos por delante del cementerio de La Regla (ese en el cual están depositadas las cenizas del marido de Sara Montiel) y la señora nos pidió permiso para hacer una parada de lante de la puerta para que ella visitara la tumba de su madre que hacía mucho tiempo que no la frecuentaba, y siento no haber pasado dentro, pues me hubiera gustado admirar los monumentos funerarios de ese campo santo, cuando salió continuamos con el viaje, que a partir de ese punto nos dejo sobre cogidos pues pudimos visitar la zona de la Habana mas deprimida y paupérrima que se halla visto, algo parecido a los asentamientos chabolistas de la Celsa o el Salobral, vías sin pavimentar, arroyos de aguas fecales mal olientes, niños desarrapados por las calles en total personas marginales en su mayoría de tez morena pero que hacían ostentación de piezas de oro en sus muñecas y cuello, la señora taxista nos comentó que ese trayecto no les estaba permitido hacer con los turistas extranjeros pero que con nosotros hacia una excepción y no tenia mas remedio que pasar por ese sitio si queríamos llegar al Morro situado al lado opuesto del malecón, visitamos las instalaciones que datan de la presencia española, por cierto en muy buen estado de conservación y nos hicimos las fotos de rigor, la señora dejó aparcado el motocarro y nos acompañó en todo el recorrido de la visita, cuando terminamos nos devolvió al hotel por el mismo trayecto de ida teniendo que hacer verdaderos alardes de conducción para sortear los hoyos del camino que como he comentado antes estaban sin pavimentar, cuando llegamos al hotel le ofrecimos la oportunidad de comer con nosotros pero ella declina el ofrecimiento alegando que no la permitían acceder a las instalaciones del hotel, ni que decir tiene que el menú del comedor era excelente y solo tenían paso los clientes.
Relataré el viaje que realicé a La Habana como podéis observar en la foto de la cabecera de este blog, tengo que hacer constar que este viaje fue lúdico y no de trabajo, nos pasamos mi señora y yo 10 días en La Habana que también tuvieron sus incidencias. Realizamos el viaje en un avión de la compañía Iberia y cuando nos acercábamos a la Antillas pude observar desde el aire unas nubes parecidas a tirabuzones de desarrollo vertical que me dejaron muy impresionado, pues no había visto en mi vida este tipo de conjuntos nubosos, yo que soy piloto de aviones altraligeros había estudiado los diferentes conjuntos de nubes, cúmulos, cirros, estratos, nimbos y las combinaciones de todos estos conjuntos, pero lo que mis ojos presenciaron desde la ventanilla del aparato de Iberia no me parecía nada normal (todo esto lo menciono porque a los pocos días tuvimos que aguantar el huracán RITA). Los primeros días de la semana se pasaron con tranquilidad visitando los lugares más turísticos de la ciudad así como el espectáculo más emblemático de la Habana la sala de fiestas La Tropicana con su espectacular elenco de bailarinas y su magnifica coreografía, visitamos la fábrica de puros que está frente al Capitolio y me elaboraron un puro habano personalizado que me lo fumé (aunque yo no fumo) en la plaza de la Catedral de la Habana sentado en una mesa bajo una sombrilla y con unas cervezas de la marca bucanero que por cierto tenían muy buen sabor al paladar, se pasaron los primeros días y cual fue nuestra sorpresa al encontrarnos en la habitación de la planta 20 del hotel Habana Libre donde nos hospedáramos, las ventanas protegidas por unas cintas adhesivas para evitar que el viento huracanado rompiera los cristales, alarmados bajamos a la recepción y nos indicaron la pantalla donde informaban del desarrollo del huracán a su paso por la isla de Cuba, esa noche no pudimos pegar ojo por el viento que azotaba los cristales y la lluvia torrencial que se precipitaba y a la mañana siguiente nos dirigimos en taxi a las oficinas de Iberia a informarnos si las salidas de los aviones sufrían algún retraso a causa del viento, pues el viento soplaba con tanta fuerza que los trechos que tuvimos que ir andando teníamos que agarrarnos a unas columnas de unos soportales para no ser arrastrados por el suelo, seguidamente volvimos al hotel pero el trayecto de vuelta tuvimos que realizarlo por otro recorrido debido a que las olas saltaban por encima del malecón y el trafico por esa zona estaba cortado, al llegar al hotel nos cayó un chubasco muy intenso con la particularidad de que el agua estaba caliente en comparación con lo que recodábamos aquí en España. Al día siguiente que llega la calma la ciudad de la Habana parecía que había sido afectadas por un bombardeo, trozos de pavimentos levantados, ramas de los árboles por los suelos de las calles y gentes achicando agua de las casas bajas y muchos recintos cerrados por filtraciones de agua y personal que faltaba al trabajo por que tenia que acondicionar sus viviendas, no voy a extenderme en relatar en la precariedad en que viven esas gentes que sin embargo son muy amables y comunicativas pero que al rato de entablar conversación siempre te piden una ayuda pensando que los turistas somos gente pudiente porque saben que los turistas tienen por obligación que cambiar sus divisas por un peso (moneda nacional) que lo denominan convertible y esta equiparado al dólar americano y este peso especial para turistas equivale para ellos como 35 pesos cubanos que los extranjeros no pueden manejar así que si te desprendes de diez pesos convertibles que equivaldrían a 8 o 9 Euros Europeos para ellos es lo que pueden ganar en medio mes de trabajo, pero sigamos con nuestro viaje. Visitamos los lugares más emblemáticos de la ciudad como por ejemplo la Bodeguita de Enmedio donde te sirven los Moji tos más deliciosos, también visitamos la Floridita otro bar que su especialidad son los Daiquiris o Margaritas, este bar es famoso por la añoranza que tienen de Germinguey que parece que era un cliente asiduo hasta el punto de perpetuarlo con una estatua en bronce en la esquina del mostrador simulando un cliente cotidiano, también nos aventuramos a comer en un "paladar" o sea en un restaurante o casa de comidas clandestino, la verdad es que salimos decepcionados, pedimos langosta con arroz y bueno solo hay que decir que la comida fue abundante pero no del agrado de nuestro paladar, demasiados frijoles que no los probamos y el arroz un poco insípido aunque la langosta no estuvo mal del todo. Otro espectáculo del cual los cubanos están muy orgullosos es la gala que ofrecen en el club Tropicana. Nos acicalamos para la ocasión, mi esposa con un traje largo de fiesta y yo con pantalón negro y chaqueta blanca, con una camisa negra con dibujos blancos y una corbata rosa más propio de un mafioso Italiano que de un señor español de sesenta años, pero aguantamos el tipo de esta guisa, ocupamos un taxi a la puerta del hotel (que por cierto no nos pudo llevarnos al hotel de vuelta por avería del vehículo) a la ida el taxista no quiso cobrar la carrera comprometiéndose a recogernos al terminar el espectáculo cosa que no pudo realizar por lo anteriormente mencionado, teniendo que recurrir al final del espectáculo a otro taxista, pero volvamos a la función, al entrar a la sala te obsequiaban con cigarro puro y una botella de ron Habana Club y a las señoras un ramo de flores, las botellas de coca cola estaban en las mesas junto a recipientes con cubitos de hielo, el elenco de chicas fue espectacular a cuál más guapa también acompañaban a estas mujeres un nutrido grupo de galanes que hacían los suspiros de las damas, ni que decir tiene que los números de baile fueron de los más sensuales que yo había visto, pero creo recordar que no había ningún desnudo parcial como hay en las revistas españolas, el espectáculo fue una cascada de luz y de color llevándose al terminar una lluvia de aplausos de los asistentes, bueno, volvimos al hotel, y a la mañana siguiente me encargue de localizar al taxista que nos había llevado para abonarle la carrera, cual fue mi sorpresa que ninguno de los avisa taxis que estaban en la puerta del hotel recordaba quien nos había llevado a la sala de fiestas, hasta que localicé a un individuo que recordaba que taxista nos facilitó el servicio, le informe que mi intención era pagarle la carrera que no había podido cobrarme y el hombre me dijo que solo a un español se le ocurría tener ese detalle pues no era corriente que cualquier otro turista de otras nacionalidades tuviera el pormenor de satisfacer una deuda de esa clase (hay que decir que los taxis oficiales son del estado y sus conductores asalariados del gobierno que tienen que efectuar un mínimo de recaudación al dia.
En esos días hicimos amistad con una conductora de un motocarro taxi denominados cubanitos por que al ir destapados el aire nos refrescaba mas que los vehículos cerrados, estas personas que manejan estos motocarros taxis tienen que anotar los clientes que llevan y las carreras que realizan con el tiempo que invierten en las mismas, todo esto lo menciono por que la mujer que cotidianamente nos trasladaba, al dia siguiente de la tormenta tropical que se nos vino encima se lamentaba que no podía anotar la hora por que se le había mojado el reloj de pulsera y no le funcionaba y mi esposa en un rasgo de generosidad espontánea le regalo el que ella llevaba en la muñeca, la mujer lloraba de agradecimiento, con lo cual fraguó una gran amistad, que decir tiene que mi esposa disponía de otro reloj con dos esferas independientes que marcaba la hora de España y la de Cuba, todo esto nos sirvió para que la señora taxista se ofreciera a acompañarnos a unos cuantos sitios que visitamos, como por ejemplo el Morro, construcción de la época española que fortificaba la entrada al puerto de la Habana, este desplazamiento lo tuvimos que realizar dando un rodeo por el puerto marítimo de la Habana por que al vehículo no le estaba permitido atravesar por un túnel construido bajo la entrada a la bocana del puerto por su poca potencia de motor ya que tanto la entrada como la salida tenían una muy pronunciada cuesta y estos cacharros corrían el peligro de no subir las cuestas, así que dimos el rodeo que si no es por esta circunstancia no hubiéramos visto el puerto en toda su salsa, también dio la casualidad que en el trayecto pasamos por delante del cementerio de La Regla (ese en el cual están depositadas las cenizas del marido de Sara Montiel) y la señora nos pidió permiso para hacer una parada de lante de la puerta para que ella visitara la tumba de su madre que hacía mucho tiempo que no la frecuentaba, y siento no haber pasado dentro, pues me hubiera gustado admirar los monumentos funerarios de ese campo santo, cuando salió continuamos con el viaje, que a partir de ese punto nos dejo sobre cogidos pues pudimos visitar la zona de la Habana mas deprimida y paupérrima que se halla visto, algo parecido a los asentamientos chabolistas de la Celsa o el Salobral, vías sin pavimentar, arroyos de aguas fecales mal olientes, niños desarrapados por las calles en total personas marginales en su mayoría de tez morena pero que hacían ostentación de piezas de oro en sus muñecas y cuello, la señora taxista nos comentó que ese trayecto no les estaba permitido hacer con los turistas extranjeros pero que con nosotros hacia una excepción y no tenia mas remedio que pasar por ese sitio si queríamos llegar al Morro situado al lado opuesto del malecón, visitamos las instalaciones que datan de la presencia española, por cierto en muy buen estado de conservación y nos hicimos las fotos de rigor, la señora dejó aparcado el motocarro y nos acompañó en todo el recorrido de la visita, cuando terminamos nos devolvió al hotel por el mismo trayecto de ida teniendo que hacer verdaderos alardes de conducción para sortear los hoyos del camino que como he comentado antes estaban sin pavimentar, cuando llegamos al hotel le ofrecimos la oportunidad de comer con nosotros pero ella declino el ofrecimiento alegando que no la permitían acceder a las instalaciones del hotel, ni que decir tiene que el menú del comedor era excelente y solo tenían paso los clientes.
Relataré el viaje que realicé a La Habana como podéis observar en la foto de la cabecera de este blog, tengo que hacer constar que este viaje fue lúdico y no de trabajo, nos pasamos mi señora y yo 10 días en La Habana que también tuvieron sus incidencias. Realizamos el viaje en un avión de la compañía Iberia y cuando nos acercábamos a la Antillas pude observar desde el aire unas nubes parecidas a tirabuzones de desarrollo vertical que me dejaron muy impresionado, pues no había visto en mi vida este tipo de conjuntos nubosos, yo que soy piloto de aviones altralijeros había estudiado los diferentes conjuntos de nubes, cúmulos, cirros, estratos, nimbos y las combinaciones de todos estos conjuntos, pero lo que mis ojos presenciaron desde la ventanilla del aparato de Iberia no me parecía nada normal (todo esto lo menciono porque a los pocos días tuvimos que aguantar el huracán RITA. Los primeros días de la semana se pasaron con tranquilidad visitando los lugares más turísticos de la ciudad así como el espectáculo más emblemático de la Habana la sala de fiestas La Tropicana con su espectacular elenco de bailarinas y su magnifica coreografía, visitamos la fábrica de puros que está frente al Capitolio y me elaboraron un puro habano personalizado que me lo fumé (aunque yo no fumo) en la plaza de la Catedral de la Habana sentado en una mesa bajo una sombrilla y con unas cervezas de la marca bucanero que por cierto tenían muy buen sabor al paladar, se pasaron los primeros días y cual fue nuestra sorpresa al encontrarnos en la habitación de la planta 20 del hotel Habana Libre donde nos hospedáramos, las ventanas protegidas por unas cintas abdesivas para evitar que el viento huracanado rompiera los cristales, alarmados bajamos a la recepción y nos indicaron la pantalla donde informaban del desarrollo del huracán a su paso por la isla de Cuba, esa noche no pudimos pegar ojo por el viento que azotaba los cristales y la lluvia torrencial que se precipitaba y a la mañana siguiente nos dirigimos en taxi a las oficinas de Iberia a informarnos si las salidas de los aviones sufrían algún retraso a causa del viento, pues el viento soplaba con tanta fuerza que los trechos que tuvimos que ir andando teníamos que amarrarnos a unas columnas de unos soportales para no ser arrastrados por el suelo, seguidamente volvimos al hotel pero el trayecto de vuelta tuvimos que realizarlo por otro recorrido debido a que las olas saltaban por encima del malecón y el trafico por esa zona estaba cortado, al llegar al hotel nos cayó un chubasco muy intenso con la particularidad de que el agua estaba caliente en comparación con lo que recodábamos aquí en España. Al día siguiente que llega la calma la ciudad de la Habana parecía que había sido afectada por un bombardeo, trozos de pavimentos levantados, ramas de los árboles por los suelos de las calles y gentes achicando agua de las casas bajas y muchos recintos cerrados por filtraciones de agua y personal que faltaba al trabajo por que tenia que acondicionar sus viviendas, no voy a extenderme en relatar en la precariedad en que viven esas gentes que sin embargo son muy amables y comunicativas pero que al rato de entablar conversación siempre te piden una ayuda pensando que los turistas somos gente pudiente porque saben que los turistas tienen por obligación que cambiar sus divisas por un peso (moneda nacional) que lo denominan convertible y esta equiparado al dólar americano y este peso especial para turistas equivale para ellos como 35 pesos cubanos que los extranjeros no pueden manejar así que si te desprendes de diez pesos convertibles que equivaldrían a 8 o 9 Euros Europeos para ellos es lo que pueden ganar en medio mes de trabajo, pero sigamos con nuestro viaje. Visitamos los lugares más emblemáticos de la ciudad como por ejemplo la Bodeguita de En medio donde te sirven los Moji tos más deliciosos, también visitamos la Floridita otro bar que su especialidad son los Daiquiris o Margaritas, este bar es famoso por la añoranza que tienen de Germinguey que parece que era un cliente asiduo hasta el punto de perpetuarlo con una estatua en bronce en la esquina del mostrador simulando un cliente cotidiano, también nos aventuramos a comer en un "paladar" o sea en un restaurante o casa de comidas clandestino, la verdad es que salimos decepcionados, pedimos langosta con arroz y bueno solo hay que decir que la comida fue abundante pero no del agrado de nuestro paladar, demasiados frijoles que no los probamos y el arroz un poco insípido aunque la langosta no estuvo mal del todo. Otro espectáculo del cual los cubanos están muy orgullosos es la gala que ofrecen en el club Tropicana. Nos acicalamos para la ocasión, mi esposa con un traje largo de fiesta y yo con pantalón negro y chaqueta blanca, con una camisa negra con dibujos blancos y una corbata rosa más propio de un mafioso Italiano que de un señor español de sesenta años, pero aguantamos el tipo de esta guisa, ocupamos un taxi a la puerta del hotel (que por cierto no nos pudo llevarnos al hotel de vuelta por avería del vehículo) a la ida el taxista no quiso cobrar la carrera comprometiéndose a recogernos al terminar el espectáculo cosa que no pudo realizar por lo anteriormente mencionado, teniendo que recurrir al final del espectáculo a otro taxista, pero volvamos a la función, al entrar a la sala te obsequiaban con cigarro puro y una botella de ron Habana Club y a las señoras un ramo de flores, las botellas de coca cola estaban en las mesas junto a recipientes con cubitos de hielo, el elenco de chicas fue espectacular a cuál más guapa también acompañaban a estas mujeres un nutrido grupo de galanes que hacían los suspiros de las damas, ni que decir tiene que los números de baile fueron de los mas sensuales que yo había visto, pero creo recordar que no había ningún desnudo parcial como hay en las revistas españolas, el espectáculo fue una cascada de luz y de color llevándose al terminar una lluvia de aplausos de los asistentes, bueno, volvimos al hotel, y a la mañana siguiente me encargue de localizar al taxista que nos había llevado para abonarle la carrera, cual fue mi sorpresa que ninguno de los avisa taxis que estaban en la puerta del hotel recordaba quien nos había llevado a la sala de fiestas, hasta que localicé a un individuo que recordaba que taxista nos facilitó el servicio, le informe que mi intención era pagarle la carrera que no había podido cobrarme y el hombre me dijo que solo a un español se le ocurría tener ese detalle pues no era corriente que cualquier otro turista de otras nacionalidades tuviera el pormenor de satisfacer una deuda de esa clase (hay que decir que los taxis oficiales son del estado y sus conductores asalariados del gobierno que tienen que efectuar un mínimo de recaudación al día).
En esos días hicimos amistad con una conductora de un motocarro taxi denominados cubanitos por que al ir destapados el aire nos refrescaba mas que los vehículos cerrados, estas personas que manejan estos motocarros taxis tienen que anotar los clientes que llevan y las carreras que realizan con el tiempo que invierten en las mismas, todo esto lo menciono por que la mujer que cotidianamente nos trasladaba, al día siguiente de la tormenta tropical que se nos vino encima se lamentaba que no podía anotar la hora por que se le había mojado el reloj de pulsera y no le funcionaba y mi esposa en un rasgo de generosidad espontánea le regalo el que ella llevaba en la muñeca, la mujer lloraba de agradecimiento, con lo cual fraguó una gran amistad, que decir tiene que mi esposa disponía de otro reloj con dos esferas independientes que marcaba la hora de España y la de Cuba, todo esto nos sirvió para que la señora taxista se ofreciera a acompañarnos a unos cuantos sitios que visitamos, como por ejemplo el Morro, construcción de la época española que fortificaba la entrada al puerto de la Habana, este desplazamiento lo tuvimos que realizar dando un rodeo por el puerto marítimo de la Habana por que al vehículo no le estaba permitido atravesar por un túnel construido bajo la entrada a la bocana del puerto por su poca potencia de motor ya que tanto la entrada como la salida tenian una muy pronunciada cuesta y estos cacharros corrían el peligro de no subir las cuestas, así que dimos el rodeo que si no es por esta circunstancia no hubiéramos visto el puerto en toda su salsa, también dio la casualidad que en el trayecto pasamos por delante del cementerio de La Regla (ese en el cual están depositadas las cenizas del marido de Sara Montiel) y la señora nos pidió permiso para hacer una parada de lante de la puerta para que ella visitara la tumba de su madre que hacía mucho tiempo que no la frecuentaba, y siento no haber pasado dentro, pues me hubiera gustado admirar los monumentos funerarios de ese campo santo, cuando salió continuamos con el viaje, que a partir de ese punto nos dejo sobre cogidos pues pudimos visitar la zona de la Habana mas deprimida y paupérrima que se halla visto, algo parecido a los asentamientos chabolistas de la Celsa o el Salobral, vias sin pavimentar, arroyos de aguas fecales mal olientes, niños desarrapados por las calles en total personas marginales en su mayoría de tez morena pero que hacían ostentación de piezas de oro en sus muñecas y cuello, la señora taxista nos comentó que ese trayecto no les estaba permitido hacer con los turistas extranjeros pero que con nosotros hacia una excepción y no tenia mas remedio que pasar por ese sitio si queríamos llegar al Morro situado al lado opuesto del malecón, visitamos las instalaciones que datan de la presencia española, por cierto en muy buen estado de conservación y nos hicimos las fotos de rigor, la señora dejó aparcado el motocarro y nos acompañó en todo el recorrido de la visita, cuando terminamos nos devolvió al hotel por el mismo trayecto de ida teniendo que hacer verdaderos alardes de conducción para sortear los hoyos del camino que como he comentado antes estaban sin pavimentar, cuando llegamos al hotel le ofrecimos la oportunidad de comer con nosotros pero ella declino el ofrecimiento alegando que no la permitían acceder a las instalaciones del hotel, ni que decir tiene que el menú del comedor era excelente y solo tenían paso los clientes y así terminamos la estancia en la ciudad de La Habana.

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