RECUERDOS DEL PASADO EN UN BARRIO OBRERO
SAN CRISTOBAL DE LOS ÁNGELES
Francisco Pérez de Guzmán se dirigía hacia
Madrid en su potente automóvil cuando el avisador de nivel de combustible
empezó a zumbar indicándole la poca gasolina que contenía su depósito y la
necesidad de repostar urgentemente o se quedaría tirado en la carretera, a los
pocos kilómetros divisó un surtidor que se apresuró a entrar, efectuó el pago
con unos cheques gasolina suministrados por el Banco que el habitualmente se
relacionaba, dándose cuenta que después de abonar el importe de lo repostado no
le quedaba sin ningún talón en la chequera facilitada por el Banco, estuvo
barajando el modo de acercarse a la entidad bancaria el lunes a primera hora
pero sus compromisos laborales le impedían realizar la gestión y dándole
vueltas a la cabeza se acordó que la vecina de enfrente a su puerta de su
domicilio podría hacerle el recado pues la gestión debería hacerse sin demora
por la tardanza de facilitar estos documentos ya que su estancia en Madrid
tenía que ser corta porque su familia le esperaba en una localidad de la costa
levantina para pasar las vacaciones estivales, Lorena su mujer le había
suplicado que no demorara mucho su
ausencia pues ella sola con los niños y en la playa se le hacia una carga
insoportable así que los asuntos pensaba solucionarlos lo antes posible.
Tras dejar el equipaje en su piso
llamó a la puerta de enfrente y le abrió la puerta Esther a la cual perpetuaba
con agradable recuerdo por los acontecimientos acaecidos meses atrás cuando su
madre pasó a casa toda alarmada por que su hija la amenazaba con un cuchillo de
cocina que esgrimía peligrosamente, motivado por una discusión domestica muy
subida de tono, situación que me toco dirimir pasando a calmar los nervios y
convencerla a que depusiera esa actitud agresiva hacia su madre. Me abrió y pude
persuadirla de que me entregara el arma, rompiendo a llorar echándome los
brazos al cuello me relató toda clase de sufrimientos que padecía por no tener
en esos momentos trabajo y carecer de dinero para sus ratos de ocio y
encontrándose con la negativa de su madre para facilitárselo entró en una
especie de crisis nerviosa que le indujo involuntariamente a tomar un cuchillo
de la cocina y esgrimirlo amenazadoramente ante su madre la cual llena de
pánico solo pensó en pedir auxilio a los vecinos más cercanos y estando en esa
postura pude comprobar la dureza de sus pechos pegados al mío entre las
convulsiones de sus sollozos y lagrimas que se deslizaban por su cara que me
impregnaban mis hombros y cuello de la camisa, sus ojos eran de un azul intenso
que te invitaban a besarlos con delicadeza y cariño y entre besos y caricias
pude consolarla y calmar sus nervios y hacerla prometer la solicitud de perdón
para reconciliarse con su madre, cosa que así sucedió. Le puse en antecedentes
de mi petición sin pasar el umbral de la puerta de entrada, excusándose ella de
no poder realizarlo alegando una entrevista de trabajo para el próximo lunes
por la mañana dejándome cariacontecido y
ya me disponía a regresar a mi domicilio cuando me percaté que en la
televisión estaban emitiendo una serie muy popular que seguía con gran interés
todos los días y al hacer este comentario ella se brindó a franquearme su casa
para que pudiera seguir los capítulos siguientes cosa que acepté de buen grado
y dispuesto a volver al día siguiente a la hora de programación. La tramitación
de la petición al banco se pudo
solucionar sin mayor contratiempo para mis compromisos laborales.
Las visitas se fueron
sucediendo con toda formalidad para ver los capítulos en la televisión,
amenizadas con unos combinados de ginebra y coca cola que aporté en el primer
encuentro y así fueron pasando los días de la semana hasta que llegamos al
viernes y esa misma tarde le propuse el plan de salir el sábado a la Sierra de
Gredos para hacer una acampada de fin de semana con tienda de campaña y sacos
de dormir, en primera instancia no me puso reparos y a primera hora de la
mañana del sábado metí todos los bártulos en el coche así como provisiones de
boca para dos días y cuál fue mi sorpresa que cuando llamé a su casa no había
nadie, había salido para no ir a la sierra por el pánico que le daban los
bichos del campo y no sabiendo como contradecirme había optado por desaparecer
y no tener que dar la cara.
Estuve rumiando bastante molesto
este plantón por la falta de confianza y no haberse sincerado de su fobia a los
bichitos del campo como supe mas tarde y como la idea era poder descubrir si
volvía a su casa y yo no me percataba de ello puse en práctica un método
descrito en los manuales de espionaje que consiste en colocar un hilo blanco
adherido con cinta adhesiva transparente entre el marco y la puerta en la parte
inferior de la misma y así cuando se franquea la vivienda el hilo se desprende
de una de las dos partes y dio resultado pues cuando me levanté de la siesta a
la caída de la tarde descubrí que el hilo estaba despegado de uno de los lados,
llamé y ella abrió la puerta en seguida comenzó a disculparse, yo ante todo la
reproche la falta de confianza para decirme el rechazo que ella sentía al campo
y me manifestó que lo mas que le apetecía era salir a cenar y después bailar en
cualquier sitio de Madrid. La verdad es que vi el cielo abierto pues semejante
plan no se me pasó por la cabeza dada la poca experiencia que a mis años tenía
en relacionarme con la juventud de aquella época,(tengo que aclarar que ella
disfrutaba de veinte años cuando yo rondaba los cuarenta) después de esta
proposición convenimos en salir esa noche a cenar al centro y después a menear
el esqueleto en cualquier discoteca que se nos presentara a mano, pero el
problema surgía al tener que sortear a la vecindad que se ponía a la puerta del
bloque en la calle Paterna a tomar el fresco sentado en sus sillas de mimbre y convenimos
en salir cada uno por su lado y después unirnos un par de calles más allá, cosa
que así hicimos y nos reunimos cerca del solar que hoy ocupa el ambulatorio de
la Seguridad Social. Al enfocarla con los faros de mi automóvil, vi una imagen
maravillosa vestida con modelo vaporoso sujeto por unos tirantes sobre sus
hombros que ceñido a su cuerpo
resaltaban sus curvas prominentes que me embriagaron nada más verla, me
quedé extasiado y la invité a subir, encaminándonos al centro de la capital
buscamos un aparcamiento subterráneo y dejamos el vehículo, orientándonos hacia
un restaurante de la calle Fuencarral para cenar y después continuar con
nuestro proyecto, pero después de tomar algunas tapas en los bares de la zona
decidimos que no nos apetecía comer más y concluimos meternos en un cinematógrafo
de los muchos que había en los aledaños de la plaza de Bilbao y nos encaminamos
a una sala que proyectaban una película muy en boga en los años 80 clásica de
Pajares y Esteso con su contenido erótico y destape y fue allí que por los
efectos de la bebida tomada y las escenas de la pantalla nos vimos arropados en
nuestros brazos y unidos por un ardiente beso, de esos de tornillo, que dio pié
a que continuáramos con nuestras caricias concluyendo nuestro ardor en un final
feliz, que decir tiene que estas
efusiones amatorias continuaron en mi domicilio hasta la mañana siguiente que
despertamos en mar de sabanas revueltas y colmados de placer sin hacernos
reproche alguno a nuestra fogosidad. Transcurrieron los días hasta que
no tuve más remedio que volver a mi lugar de veraneo dejando en mi un recuerdo
inolvidable que todavía añoro pues la visión de aquel cuerpo desnudo tumbado
sobre la cama y la protuberancia de unos senos que parecían bolas de billar
erguidos sobre ese tórax que me recordaban la silueta que proyecta la vista de
la cuerda serrana que denominan en el léxico montañero “La mujer muerta”, con
todos esos perfiles tan definidos. Tengo que confesar que esta relación duró 25
años que los he llevado con la máxima discreción sin dejar de atender a mi
familia, que la antepuse ante cualquier sugerencia de abandono, pues una cosa
es la legítima y otra los devaneos por mucho que duren, ni que pensar tiene que
esta relación tuvo sus altibajos correspondientes, pues en estos 25 años
sucedieron infinidad de situaciones unas agradables y otras menos atractivas
pues cuando los vecinos tuvimos que desalojar el bloque para proceder a su
demolición por padecer ruina eminente, su familia se trasladó a otro pueblo de
la comunidad de Madrid, perdiendo todo contacto durante algún tiempo, que pude
reanudar tras proceder a una labor de investigación exhaustiva hasta localizar
su nueva dirección, ya habían pasado algunos años y mi vida laboral había
finiquitado pasando a pertenecer a las clases pasivas del mundo profesional y
con los beneficios de mi finiquito y algunos ahorrillos adquirí una pequeña
parcela en un pueblo de Avila a la cual dedique todos mis esfuerzos en
adecentar y hacer cómoda y habitable la vivienda edificada en ella, ni que
decir tiene que pasé con Esther unos momentos inolvidables que todavía tengo
grabados en mi retina, efectuando variadas visitas los días que ponía como
escusa a mi familia los innumerables trabajos que había que hacer en la parcela
para ausentarme entre semana. Y como todo en esta vida tiene su final, a mi me
fueron cayendo los años y la relación se fue enfriando y perdiendo todo interés
mutuamente hasta que dejamos de relacionarnos, dando un giro de 90 grados a
nuestras vidas.
Este relato continuará en próximos
capítulos, referente a la demolición, realojos, trámites administrativos y
ocupación de nuestras nuevas viviendas, todo esto coincidiendo con el 50
aniversario del Barrio de San Cristóbal de los Ángeles
Escrito
por: FRANCISCO PEREZ DE GUZMAN Y VARELA
En
San Cristóbal de los Angeles en el año de gracia de 2011


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